lunes, 28 de julio de 2014

Romance. Gerineldo y la Infanta .


Hola.! ¿Como están? Yo encontré esto y bueno como me encanta este romance quería compartir con ustedes . Y además porque estoy muy cansada de que digan que los adolescentes solo leemos cosas que están de moda . 


Gerineldo y la Infanta. 

—Gerineldo, Gerineldo,   
paje del rey más querido, 
quién te tuviera esta noche  
 en mi jardín florecido. 
Válgame Dios, Gerineldo, 
  cuerpo que tienes tan lindo. 
—Como soy vuestro criado,
   señora, burláis conmigo. 
—No me burlo, Gerineldo, 
  que de veras te lo digo. 
—¿Y cuándo, señora mía, 
  cumpliréis lo prometido? 
—Entre las doce y la una  
 que el rey estará dormido. 
Media noche ya es pasada.
   Gerineldo no ha venido. 
«¡Oh, malhaya, Gerineldo,  
 quien amor puso contigo!» 
—Abráisme, la mi señora,   
abráisme, cuerpo garrido. 
—¿Quién a mi estancia se atreve,   
quién llama así a mi postigo? 
—No os turbéis, señora mía,  
 que soy vuestro dulce amigo. 
Tomáralo por la mano 
  y en el lecho lo ha metido; 
entre juegos y deleites  
 la noche se les ha ido, 
y allá hacia el amanecer  
 los dos se duermen vencidos. 
Despertado había el rey  
 de un sueño despavorido. 
«O me roban a la infanta 
  o traicionan el castillo.» 
Aprisa llama a su paje  
 pidiéndole los vestidos: 
«¡Gerineldo, Gerineldo,  
 el mi paje más querido!» 
Tres veces le había llamado,  
 ninguna le ha respondido. 
Puso la espada en la cinta,  
 adonde la infanta ha ido; 
vio a su hija, vio a su paje  
 como mujer y marido. 
«¿Mataré yo a Gerineldo,  
 a quien crié desde niño? 
Pues si matare a la infanta,  
 mi reino queda perdido. 
Pondré mi espada por medio,  
 que me sirva de testigo.» 
Y salióse hacia el jardín  
 sin ser de nadie sentido. 
Rebullíase la infanta   
tres horas ya el sol salido; 
con el frior de la espada  
 la dama se ha estremecido. 
—Levántate, Gerineldo, 
  levántate, dueño mío, 
la espada del rey mi padre  
 entre los dos ha dormido. 
—¿Y adónde iré, mi señora, 
  que del rey no sea visto? 
—Vete por ese jardín 
  cogiendo rosas y lirios; 
pesares que te vinieren
   yo los partiré contigo. 
—¿Dónde vienes, Gerineldo,  
 tan mustio y descolorido? 
—Vengo del jardín, buen rey,  
 por ver cómo ha florecido; 
la fragancia de una rosa 
  la color me ha devaído. 
—De esa rosa que has cortado  
 mi espada será testigo. 
—Matadme, señor, matadme,  
 bien lo tengo merecido. 
Ellos en estas razones, 
  la infanta a su padre vino: 
—Rey y señor, no le mates,  
 mas dámelo por marido. 
O si lo quieres matar  
 la muerte será conmigo.

Tamy♥ 

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